Quedan exactamente dos semanas para el examen de la Royal Academy of Dance y ya se empieza a sentir la tensión y el agotamiento atroz durante las clases. He de admitir que hacía años que no tenía los gemelos como piedras... y la verdad, me noto algo anciana.
El ensayo de hoy ha sido algo distinto, lo hemos compartido con los alumnos que se presentan a los exámenes de los grados Primary, 2 y 6, así que nuestra profesora se ha podido apiadar un poco de nosotros. Como apasionada de la música que soy, no puedo evitar fijarme en las joyitas que se esconden en el iPod de Carmen -que así se llama-, quien cada día me sorprende más. Esta mañana le propuso a las niñas que improvisaran mientras ponía dos canciones al azar y resultó que una de ellas pertenecía a La Bayadera, la obra clásica que más me gusta.
Puesto que el momento de "conchetismo" (un término sin sentido creado por mi amiga Isa) con mi profesora me encantó, he decidido compartir hoy algunas de mis piezas favoritas en este ballet.
Me retiro de toda la actividad en 33 Fouettés hasta la próxima semana. Aprovechando que los controladores aéreos parecen estar más tranquilos, me voy unos días a conocer Londres y, de paso, a visitar a unas amigas.
Ya he incluido en la ruta el paso por las tiendas de Freed of London, Bloch y alguna otra que merezca la pena. Mi presupuesto en libras no me va a dar para asistir a ninguna actuación, aunque me acercaré al Royal Opera House para verlo por fuera y hacerme ilusiones.
Dicho esto, en diciembre estuve viendo en TVE el episodio sobre Londres de Españoles en el Mundoy coincidió que apareció la bailarina Tamara Rojo. No hay ningún fragmento de danza, pero creo que a cualquier aficionado le puede resultar muy interesante. Nos vemos el lunes.
Hace poco más de una semana se estrenó en España el documental La danza. El ballet de la Ópera de París (Frederick Wiseman, 2009). Me había propuesto ver esta cinta antes de escribir un post al respecto, pero se me está haciendo bastante difícil encontrarla y no hay indicios de que algún cine de por aquí tenga intenciones de ponerla.
He entrado en la web de los cines Verdi de Madrid y, por lo visto, la película está arrasando entre los espectadores. Tanto es así, que la semana pasada organizaron un espectáculo de ballet que llevó a cabo la escuela Madrid Dance Center.
Ya en otras ocasiones he hablado sobre el Ballet de la Ópera Nacional de París, sin duda una de las compañías más reconocidas de todo el mundo. Ha sido el hogar de personalidades tan importantes en el mundo de la danza como son Rudolf Nureyev, Maurice Béjart o la bailarina Sylvie Guillem.
Muy habituado al género documental, Frederick Wiseman trata de mostrar todos los entresijos de esta importante institución, caracterizada sobre todo por un repertorio que combina a la perfección las coreografías más vanguardistas con las eminentemente clásicas. El rodaje se llevó a cabo durante varios meses en los que el equipo pudo asistir tanto a los cotidianos ensayos como a las actuaciones creadas por profesionales como Mats Ek, Pina Bausch, Sacha Waltz, Pierre Lacotte, Angelin Preljocaj, Rudolf Nureyev o Wayne McGregor.
Cuando se habla de ballet es fundamental tratar a la figura de Jiří Kylián. A día de hoy es uno de los principales exponentes de la escuela holandesa y todo un referente en la Historia de la danza más reciente.
Este coreógrafo checo establecido desde hace muchos años en los Países Bajos es famoso por sus innovadoras creaciones, algunas tan conocidas como Stamping Ground, Bella Figura, Falling Angels o, nuestra pieza del día, la Petite Mort.
Antes de fundar su propia compañía en 1992, Kylián trabajó como Director Artístico en el Netherlands Dans Theatre, para el que creó el ballet Petite Mort. Se estrenó en el Festival de Salzburgo de 1991 con motivo de la conmemoración del segundo centenario de la muerte de Mozart. A partir de este momento, la obra se fue integrando en el repertorio de importantes compañías como el American Ballet Theatre, el Ballet de la Ópera Nacional de París o la Compañía Nacional de Danza, cuyo antiguo director, Nacho Duato, bailó a las órdenes de Kylián durante bastantes años.
Nunca me han entusiasmado las perfectas bailarinas de la escuela rusa. No se puede negar que reúnen una serie de condiciones físicas únicas y que nadie en el mundo tendrá jamás la misma presencia que ellas cuando interpretan un Lago de los Cisnes (obra que, aprovecho para confesarlo, me aburre soberanamente). Aún así, siempre me han transmitido más las interpretes de escuelas como la inglesa o la francesa, cuyos métodos suelen ser más vanguardistas que los tradicionales soviéticos.
Por supuesto, esta apreciación sobre los distintos tipos de enseñanza en el ballet no es más que una opinión derivada de mis gustos personales. En cualquier caso, con respecto a esta teoría considero que hay una excepción que confirma la regla, y su nombre es Irina Dvorovenko.
Parece que ultimamente los cineastas se han puesto de acuerdo en lo de rodar cintas sobre danza y, visto el éxito que tuvo Natalie Portman por Black Swan (Darren Aronofsky, 2010) en la gala de los Globos de Oro de anoche, lo lógico es que hoy me tocara empezar una nueva serie de posts sobre las películas de ballet de este 2011.
Anoche vi El último bailarín de Mao (Bruce Bresford, 2009), un horror de historia biográfica sobre el que fuera solista en el Houston Ballet durante los años 70, Li Cunxin. Se trata de un relato -para mi gusto, excesivamente convencional- sobre la vida de esta estrella de la danza, desde que es sacado de una apartada aldea china para estudiar ballet en Pekín, hasta su aventura por Estados Unidos como héroe de la China comunista y el posterior conflicto que surge cuando se enamora y decide no volver a su país.
A pesar de que no me haya convencido nada como película, he de admitir que puede resultar interesante en lo que respecta a los métodos de enseñanza que se llevaban a cabo entre los bailarines de una potencia comunista como China, así como en todo lo relativo a las "relaciones" políticas que se desarrollaban por aquel entonces entre los dos bloques.
"Cuando vivo, aprovecho al máximo el poco tiempo que me dieron para vivir. Cuando danzo, aprovecho al máximo el poco espacio que me dieron para el movimiento. La distancia estaba en mí, y más que correr hacia un punto fijo, tenía que pararme en puntas dentro de mi cabeza... y volar sin límites"
Creo que hoy he recuperado la fe en la televisión de España. Tampoco es que sea de esas personas que pasan mucho tiempo frente a la caja tonta (prefiero volverme idiota delante del ordenador, la verdad...), quizás por eso nunca antes me había parado a ver el canal Cultural.es de RTVE. Hoy lo he puesto y lo primero que me ha salido es el programa Paso a paso con Nacho Duato, por lo que no ha sido muy difícil decidir un tema sobre el que escribir.
He estado investigando y por lo visto ya tiene bastantes años, aunque antes se emitía en la madrugada de los domingos por La 2. Está claro que los directivos del canal no pretendían conseguir grandes audiencias con él.
Hoy voy a comenzar una serie en la que repasaré la trayectoria de algunos de mis bailarines favoritos. Como no podía ser de otra forma y, teniendo en cuenta que a día de hoy es el niño bonito del ballet clásico en España, voy a comenzar por el madrileño Ángel Corella.
Cuando apunté todas las ideas que tenía pensadas para este blog pretendía, sí o sí, hablar de esta maravillosa versión del Bolero de Ravel. He encontrado infinidad de vídeos con la misma coreografía, interpretada por hombres, mujeres, ornitorrincos e incluso por la espectacular Sylvie Guillem. Sin embargo, hoy descubrí una de esas joyitas que aparecen en YouTube por casualidad, que viene a ser el montaje original de Maurice Béjart... así que no me pude resistir.
Como lo de culturizarse nunca está de más y, esperando que los que lean esto conozcan de sobra esta obra musical, me limitaré a dar los datos más curiosos relativos a la danza.
Se trata de un tema compuesto por Maurice Ravel en 1928 inspirado en una danza española. Es un ballet dedicado a la bailarina rusa Ida Rubinstein, quien además participó en el estreno entre el cuerpo de baile. A día de hoy se conocen tres interpretaciones distintas: la original flamenca de 1928, la que se inspira en las ideas de Ravel de 1941 y la abstracta versión de Béjart de 1961, que es la que aparece a continuación. En esta ocasión el solista es el argentino Jorge Donn, uno de esos bailarines míticos que ayudaron a que el ballet evolucionara tanto durante el siglo XX.